De la “derechita cobarde” a la ultraderecha deprimida


| Miguel Sánchez-Romero Guerrero |

No ha sido una buena semana para la derecha alternativa. Ni siquiera ha sido una mala semana. Nos la habíamos imaginado tan feliz que, a la vista del resultado, es casi optimista calificarla de nefasta. La moción de censura en la que tantas esperanzas habíamos puesto ha sido un fiasco: la peor moción de censura en ochenta años de gobierno.

Antes de celebrarse esta moción planteaba, además del interrogante sobre qué postura adoptaría el PP, las típicas dudas de las citas políticas importantes:  qué diría Iván Redondo por boca de Pedro Sánchez, qué nueva tontería en forma de frase lapidaria nos dejaría Rufián o con qué rol afrontaría Pablo Iglesias su intervención: si con indignada trascendencia, desafiantemente trascendente o trascendentalmente intrascendente. Lo que nadie ponía en duda es que se trataba de un éxito estratégico de VOX, que se apoderaba de la iniciativa política y conseguía foco mediático para su líder, aunque había quien criticaba la oportunidad de presentarla. ¿Qué podía hacer VOX? La otra opción era una guerra civil, pero quién se mete en una cosa así a las puertas de un Madrid-Barça.

Pérez Reverte, que fue reportero de guerra pero se comporta como si en vez de informar sobre ellas hubiera ganado todas las que cubrió, puede dar fe de que es conveniente no mezclar conflictos bélicos con eventos deportivos porque distraen la atención de los contendientes y recomienda iniciarlos, si es posible, a principios de mes, de forma que ambos bandos dispongan de efectivo suficiente para comprar armas o el enfrentamiento puede acabar reducido a una sucesión de insultos. En la frontera de Burundi con Tanzania, dos tribus vecinas se pasaron diez años amenazándose de muerte mientras esperaban conseguir dinero para comprar kaláshnikovs, hasta que finalmente tuvieron que firmar la paz por cansancio y falta de cash.

Así pues, descartada la opción de la Guerra Civil, que en principio estaba contemplada como no presencial sino través de Zoom, VOX optó por la moción de censura cuyo principal objetivo era que Abascal arrebatara el liderazgo de la derecha a Casado.

¿Qué ha ocurrido? Que Abascal sobrestimó el aguante de Casado a sus desaires y menospreció la capacidad e intensidad de su respuesta. Hasta Gandhi podía convertirse en una fiera si le tocabas mucho los huevos. Su biografía no oficial, “El mal humor de Mahatma”, revela cómo una tarde en Bombay estuvo media hora azotando a un taxista que le había afeado la delgadez de sus piernas.

Casado, como un Gandhi desencadenado, noqueó con su fiero discurso a Abascal que, en sus propias palabras, declaró: “estoy tocado, no me esperaba este ataque tan personal”. Y es aquí, en esa frase, donde Abascal perdió toda aura de líder, si es que algún día la tuvo.

Ya he comentado en este blog que no veo en Abascal ni al político ni al hombre que este país necesita para regir sus designios. Santiago es un buen chaval que, engañado por su anterior partido, tuvo que soportar durante años la humillación de cobrar un sueldo público. Y es verdad que sobrellevó está carga con una admirable actitud. Donde otros hubieran tirado la toalla al cabo de un año o dos, Abascal mostró una enorme fuerza de voluntad para seguir soportándolo durante quince. Pero hasta aquí sus logros, poco más puede añadirse a su currículum. Y ahora, esa queja pusilánime de político enclenque –“estoy tocado, no me esperaba este ataque tan personal”– lo incapacita para seguir al frente de cualquier organización que no sea un grupo de terapia por estrés postraumático. No puedes acabar tus mítines cantando Soy el novio de la muerte y venirte abajo porque te dan un poco de caña en el Congreso, Santiago. ¿Qué mensaje estás mandando a la Legión? ¿Te imaginas al Cid tras una batalla diciéndoles a sus hombres: “Jo, es que han ido a por mí a tope, tío”? ¿Dónde está la exuberante virilidad que te acompañó hasta el jueves y que encandilaba incluso a muchos libertinos gais?

Desde la más sobria heterosexualidad podía entender esa morbosa obsesión de algunos de ellos contigo. En sus mentes perversas eras el hombre al que podías preguntar “¿te alegras de verme o llevas una pistola en el bolsillo?”, y que respondiera afirmativamente a las dos cuestiones. Ahora, huérfanos de esa masculinidad icónica, se olvidarán de la política y volverán a centrarse en Eurovision. Adiós al voto rosa.

¡Qué desastre! Hasta el jueves, en los think tanks europeos éramos la derecha con dos cojones, ahora tendremos que conformarnos con ser la derecha con dos Prozacs.

 

SUSCRÍBETE PARA RECIBIR CADA NUEVA PUBLICACIÓN EN TU CORREO

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.