El vídeo de Cayetana: una aproximación estética


| Miguel Sánchez-Romero Guerrero |

Cayetana Álvarez de Toledo ha sido la promotora de un vídeo de apoyo a Felipe VI en el que 183 personas aparecen manifestando ese apoyo con la frase “Viva el rey”. Es de agradecer que algunos le añadieran “Viva España”, porque de la pobreza de la puesta en escena podría deducirse que el rey al que apoyan no lo es del quinto país de Europa sino de alguna diminuta monarquía del tercer mundo, dicho sea con todos mis respetos al tercer mundo, sobre cuya generosa predisposición a ser explotado reposa gran parte de la prosperidad del primero.

El vídeo dura catorce minutos, lo que lo convierte casi en un piloto de Netflix. La excesiva duración no es el único error que contiene. Sin que tampoco sea, como algunos representantes de la miopía republicana se han apresurado a afirmar, “el síntoma del mal estado de institución monárquica” -suele gozar de mejor salud el vivo que el enterrado- sí es verdad que el resultado es lastimoso.

Si algún consenso había sobre la institución monárquica del que ni siquiera los más acérrimos republicanos podían disentir, era que la monarquía aventajaba a la república en elegancia y glamour. Ese consenso ha saltado por los aires gracias al vídeo de Cayetana. ¿Cómo vamos a criticar después de la cutrez de este engendro el mal gusto de la izquierda a la hora de vestir? Este vídeo será a partir de ahora nuestra chaqueta de Pablo Iglesias.

Como consecuencia de haberse grabado a sí mismos, muchos de los que aparecen lo hacen con encuadres desfavorecedores, mal iluminados, en entornos poco apropiados y lamentables condiciones de audio. Luego, han sido agrupados con un montaje descuidado, seguramente llevado a cabo en el iPad de alguno de los inspiradores.

Para colmo de males, y como un síntoma más de lo difícil que es en estos días lograr un acuerdo, incluso entre aquellos que creen haberlo conseguido en torno a una causa, hay gente que se ha grabado en vertical. Un detalle cuya relevancia se agrava cuando se conoce que se les pidió a todos que lo hicieran en horizontal. ¿Qué hay detrás de esa negativa a grabarse en horizontal por parte de alguna gente? ¿Una religión secreta que prohíbe hacerlo? La próxima guerra civil española no será entre rojos y azules sino entre partidarios de grabar en horizontal y los incondicionales de hacerlo en vertical. Y, por el empeño que ponen, ganarán estos últimos.

La pregunta que surge tras ver el vídeo es si de verdad hacia falta. Si es verdad que esta cinta home made conjura algún peligro serio o, como ocurre en la película The Ring, lo extiende sobre todo al que lo ve, en este caso el de que su convicción monárquica quede severamente tocada por la vulgaridad estética que rezuma.

¿Este es el vídeo que pretende apoyar la monarquía de los ataques de cierta izquierda?  Cayetana, óyeme, soy de los tuyos: este vídeo difícilmente tendría nivel para invitar a los aficionados del Atlético Arjonilla a hacerse socios. Eso sí, has entrado en la Wikipedia como creadora del perroflautismo monárquico.

El único momento de brillo es la jovial aparición de Irene Villa y Tamara Falcó que son un destello de frescura y simpatía que se agradece. Como se agradece también la reposada elegancia de Margarita y Luisa de Orleans e Bragança derrochando la refinada naturalidad que uno puede esperar de esos apellidos. También reseñable, pero en este caso por su falta de naturalidad, es la presencia de un Toni Cantó sobreactuado, o la más sorprendente de Belén Esteban, en un rincón sin identificar del plató de Sálvame diciendo “Viva el Rey”, probablemente en un descanso del programa entre el tramo dedicado a los audios de Corinna y la parte en que se desgranan las amantes de Don Juan Carlos. Ayuso sí ha cuidado su intervención y un suave movimiento de cámara nos la descubre tras unas flores voluntariamente desenfocadas, sentada sonriente en un sofá. Se nota que debe de tener tiempo libre.

Los dos últimos puestos se lo reservan Cayetana, en un plano bien compuesto -este sí, lo cual hace aún más grave que haya permitido el disparate de otros- y Vargas Llosa que cierra la grabación ataviado con un plumas sin mangas, camisa de cuadros y pinta de acabar de levantarse de almorzar y haberse dicho “¡Venga! Vamos a acabar de una vez por todas con esto”. Al igual que algún otro participante -Arrimadas, por ejemplo-, la ausencia de una cuidada edición da al plano de Vargas Llosa un par de segundos más de los necesarios convirtiendo esa minúscula fracción de tiempo en una incómoda eternidad.

Caso aparte merece Alberto Ruíz-Gallardón y su plano, posiblemente el más desfavorecedor que una persona pueda grabarse a sí mismo. El plano que si Caín hubiera sido cámara le habría grabado a Abel.

En definitiva, el vídeo nos ha descubierto a una Cayetana que desconocíamos: amante de la improvisación, chapucera y poco profesional. Solo al final del mismo conseguimos avistar a la Cayetana que ya conocíamos, perfectamente reconocible en los rótulos que transcriben de forma anónima algunas de las razones de quienes declinaron participar en él. Esa es la Cayetana que nos gusta.  La que, por primera vez en un manifiesto de este tipo, las incluye y consigue que el vídeo deje de ser de apoyo y pase a ser de ataque, adquiriendo un tono de reproche hacia quienes no tuvieron la suficiente valentía como para implicarse. Ahí si vemos a Cayetana, nuestra Cayetana, lástima que en el resto de la cinta sólo veamos a una tiktokera inexperta.

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